Cuando vemos alguien con una herida, normalmente, nos ponemos en su lugar. Lo vemos y eso nos hace sentir, lo que le puede doler. Sentimos empatía.

El problema viene cuando la herida no es física sino emocional. A simple vista la persona parece estar bien, pero la realidad es que no sabemos, y ni tan siquiera imaginamos por lo que esa persona puede estar pasando.

Es importante mostrarnos empáticos al relacionarnos. Desde relaciones con familiares y amigos, pasando por los dependientes del centro comercial, hasta con la persona que se sienta a nuestro lado en una sala de espera y empieza a entablar una conversación.

No sabemos por lo que pueden estar pasando, y quizás sin saberlos el hecho de escucharlos y mostrarnos simplemente amables con esa persona puede ayudarle a verbalizar algo que tiene dentro y que no ha tenido o no ha podido expresar hasta ese momento.

También es importante empezar a conocer el lenguaje no verbal. Según estudios el 93 % de lo que trasmitimos en una conversación es comunicación no verbal.

Gestos, micro expresiones, el contacto visual que tenemos, tocarnos la nariz o incluso el tono o volumen de voz nos puede dar indicios del momento emocional por el que está pasando la persona.

Tristeza, alegría, desinterés, nerviosismo… pueden ser fácilmente detectables si prestamos atención. El lenguaje no verbal es innato en el ser humano. No lo podemos ocultar.

Todas las personas, incluso nuestros padres, son el reflejo de sus vidas, crianza e incluso abusos que sufrieron.

Quizás estamos o hemos estado en situaciones donde nuestros padres han sido muy duros, nos limitan y humillan sin explicación, o quizás, en el peor de los casos hay cosas más profundas de las que imaginas.

En algún momento, nosotros también nos convertimos en reflejo de nuestras experiencias, con esta consciencia debemos tener cuidado en el momento de criar a nuestros hijos.

Nuestras palabras y acciones repercuten en la vida de los demás a veces sin que sea nuestra intención.

Es importante no repetir patrones aprendidos. Es importante intentar, al menos, tratar a nuestros hijos como nos hubiese gustado que nos trataran a nosotros. 

Y, sobre todo, SOBRE TODO, no hacer lo que nos hicieron a nosotros. Si te maltrataron, NO maltrates, si te humillaron, NO humilles, si no te sentiste querid@, QUIERE y dales todo el amor que a ti se te negó.

La infancia es el período en el cual se define la salud mental de un adulto. Las palabras y las acciones que vivimos entonces nos marcarán de por vida.